Los datos del INEC revelan que la precariedad laboral supera ampliamente al empleo adecuado y evidencia brechas de ingresos, jornadas insuficientes y desigualdad de género.
La precariedad laboral no es una percepción: está respaldada por cifras oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).
Según la Encuesta de septiembre de 2025, más de la mitad de la población ocupada en el Ecuador trabaja sin ingresos suficientes, con jornadas incompletas o incluso sin remuneración.
De los 8,59 millones de personas con trabajo, apenas 3,28 millones cuentan con un empleo adecuado o pleno. El resto -5,28 millones de ecuatorianos- se concentra en categorías que evidencian algún nivel de precariedad laboral.
El subempleo, que reúne a quienes ganan menos del salario mínimo o trabajan menos horas de las legalmente establecidas, afecta a 1,56 millones de personas, es decir, el 17,6% de la población ocupada.
A esto se suma un grupo aún mayor: 2,72 millones de personas clasificadas en otro empleo no pleno, quienes tampoco alcanzan ingresos o jornadas suficientes, pero no tienen disponibilidad para trabajar más horas. Representan el 30,8% del total.
Un tercer segmento expone otra cara de la informalidad: 994 mil ecuatorianos trabajan sin recibir remuneración, ya sea como ayudantes familiares o colaboradores no pagados. Este grupo representa el 11,2% de la población ocupada.
“Trabajo seis días a la semana en un local de ropa y gano menos del salario básico. A veces hago turnos de 10 horas, pero igual no me alcanza. Cuando pedí que me afilien al IESS me dijeron que espere, que ‘no es prioridad’. Tengo 32 años y sigo viviendo al día. Esto no es un empleo, es una supervivencia”, cuenta Daniela Salgado, graduada en economía.
Ingresos bajos y jornadas incompletas
Los datos muestran que el ingreso laboral en Ecuador no cubre las expectativas de un trabajo digno.
En septiembre de 2025, el ingreso laboral mediano nacional fue de USD 391, una cifra muy lejana del salario básico y del costo real de la vida.
A esto se suma una jornada laboral insuficiente: los hombres trabajan en promedio 36 horas semanales y las mujeres 31, ambas por debajo de las 40 horas que exige la clasificación de empleo adecuado.
La precariedad también se llama informalidad
Más de la mitad del país trabaja en condiciones sin registro ni garantías.
El 53,1% de la población ocupada pertenece al sector informal, donde la ausencia de RUC refleja una brecha estructural en la protección laboral.
Dentro del subempleo, el problema también se reparte entre trabajadores dependientes e independientes: 57,7% de las personas subempleadas tiene relación de dependencia, mientras que 42,3% trabaja por cuenta propia.
Las mujeres siguen en desventaja
La precariedad laboral tiene rostro de mujer.
Apenas 29% de las ecuatorianas accede a un empleo adecuado, frente al 42,9% de los hombres. Aunque la tasa de subempleo masculino es más alta, ellas se concentran en categorías aún más invisibilizadas del empleo no pleno.
En ingresos, la brecha es evidente: una mujer gana en promedio USD 462, mientras que un hombre llega a USD 521. La mediana muestra una diferencia todavía más marcada: USD 342 frente a USD 440
Además, las mujeres acumulan menos horas trabajadas por semana, una situación directamente relacionada con las tareas de cuidado no remunerado, que siguen recayendo principalmente sobre ellas.