La crisis afecta especialmente a quienes requieren fármacos críticos, como anestésicos y tratamientos para enfermedades catastróficas.
Los pacientes de hospitales públicos enfrentan un verdadero viacrucis para conseguir medicinas esenciales y de uso delicado. La cruz se vuelve más pesada para quienes deben adquirir fármacos complejos, como anestésicos para cirugías.
La escasez en las casas de salud obliga a médicos a entregar recetas informales, en pedazos de papel común y, en todos los casos, sin firma.
En Ecuador no se pueden vender anestésicos sin receta médica. La comercialización de fármacos como propofol, midazolam y otros medicamentos controlados requiere obligatoriamente prescripción.
Pero la falta de stock empuja a los pacientes a buscarlos. Algunas farmacias se niegan a venderlos. En otras, en cambio, los comercializan aun cuando saben que no pueden hacerlo. Un círculo que, ante el desabastecimiento, calificado como histórico por colegios médicos, se vuelve peligroso.
Mientras tanto, el Ministerio de Salud Pública permanece en silencio. Gremios médicos y de la sociedad civil exigen la designación urgente de un ministro de Salud, cargo que por ahora está encargado a la vicepresidenta María José Pinto.